18 de enero de 2008



En ocasiones Marianne se quedaba Sin Palabras. Era entonces cuando tumbada en su baja cama frente al espejo me llamaba a mi, para que la cubriera de silencios.
Siempre pensé que aquella muchacha era injusta y egoista. Por aquel entonces aun no conocía su naturaleza dispersa y la juzgaba a la espera que pudiera cambiar, que lo intentara almenos.
Cuando Marianne se tumba se pierde. Es tan grande la vida y tantas las palabras. Visualiza todo aquello que quiso y quiere ser, piensa en todo aquello que quiere escribir, a todos a los que quiere amar. En el mar se puede bañar, el océano es inabarcable. Inabarcable, por una barca. Las barcas no pueden abarcar el océano y menos el horizonte. Y en tal entramado de juegos de palabras e ilusiones que seguir, suena el teléfono. Suena el teléfono y se queda sin palabras. Aúlla contra quien ama. No puede salir del tejido, Ariadna se ha perdido en su propio laberinto. Y Penélope teje el abrigo infinito. Marianne detesta lo finito. La vida es finita, la página en blanco le promete que siempre habrá un vacío que llenar, un laberinto que resolver o un manto que tejer. Pero el teléfono suena y ella entre llantos y rabia responde. Y claro, así no se puede. Se queda Sin Palabras.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

“¿Qué sabes tú de lo que fue mi vida?
Ahora sólo ves estos últimos años
que son como la empuñadura de un
[cuchillo
clavado hasta el final en mi costado.
Arráncalo de golpe y un borbotón de
[sueños
salpicará tu rostro”.

(Ángel González)

Le feu follet

un pelegrí dijo...

Ooooh!

maite sánchez dijo...

Tu blog es simplemente fantástico... ¿donde has aprendido a escribir así de bien?
ptns