21 de enero de 2008

En una tarde se puede resolver el resto de tu vida. Encuentras, de pronto, una fotografía que muestra los veinte años de tu abuela. Resplandeciente, libre. Su cabeza aparece cortada -deduzco que en el momento de la fotografía ella inclinó hacia arriba el rostro para ser acariciada por el sol-.
Con mis palabras, me voy para otra parte. No cabe nada mas en la maleta. Apenas alguna sinfonía, para recordar que la muerte existía. El silencio, la muerte.
Mejor recordarlo que llegar un dia a viejo y preguntarse ¿Qué ha pasado? mientras se te queman las lentejas al fuego.

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