Los jóvenes de hoy en día son tristes. Nos proclaman orgullosos sus agonías. Ya nos lo decía Flauvert, ¡cuidado con la tristeza, es un vicio! Yo no soy triste y a pesar de ello me abruman la melancolia y las miradas perdidas. Me siento constantemente atraída por seres inertes, casi flotantes. De hecho, para ser sincera debo confesar que me enamoro de cada joven triste que encuentro en mi camino. Me enamoro perdidamente. Se pueden encontrar en muchos lugares, los auténticos son los de cafetería antigua. Una en especial, situada en frente de la imprenta Llenas, en el barrio del raval. A estos jóvenes jamás los veo entrar, siempr
e están allí, sentados en una esquina con una taza de café. Suelen estar leyendo o en el mejor de los casos escribiendo en las páginas de una libreta. Su estratégica disposición les permite ver todo el movimiento del recinto, parejas besándose, mujeres que hablan por teléfono, obreros que marchitan sus minutos de descanso frente una cerveza. Parecen captar entre página y página, con una sola mirada, toda la tristeza que se desprende a su alrededor. Se mueven tranquilos sobre sus sillones, cruzan las piernas o encienden cigarrillos. Todos se parecen de un terrible modo. Los jóvenes tristes son morenos, jámas se ven rubios en su especie. Creo que se debe de llevar en la genética, quien sabe. Tal vez tenga algo que ver con el pigmento de la piel, una espécie de reacción química del organsimo. Un generador de tristeza, pues esta es sin duda oscura, azabache y morena.
e están allí, sentados en una esquina con una taza de café. Suelen estar leyendo o en el mejor de los casos escribiendo en las páginas de una libreta. Su estratégica disposición les permite ver todo el movimiento del recinto, parejas besándose, mujeres que hablan por teléfono, obreros que marchitan sus minutos de descanso frente una cerveza. Parecen captar entre página y página, con una sola mirada, toda la tristeza que se desprende a su alrededor. Se mueven tranquilos sobre sus sillones, cruzan las piernas o encienden cigarrillos. Todos se parecen de un terrible modo. Los jóvenes tristes son morenos, jámas se ven rubios en su especie. Creo que se debe de llevar en la genética, quien sabe. Tal vez tenga algo que ver con el pigmento de la piel, una espécie de reacción química del organsimo. Un generador de tristeza, pues esta es sin duda oscura, azabache y morena.Nunca he hablado con alguno de ellos. Seguramente, si así fuera, les dejaría de amar. Cabe la posibilidad de que ellos, desde sus esquinas, mientras me ven escribir estas líneas en mi cuaderno rojo, me observan alimentarme de humo y beber mi café me amen. Puede que amne tan intensamente como yo a ellos. Tal vez porque soy morena, porque estoy sola y parezco triste. ¡Ay de la vida!, juzgo por mi intuición que todo se reduce a la insatisfacción. Eso es lo que nos mueve a proyectarnos en las tristezas y en las bellezas ajenas. Si supieramos de veras amar quizás no buscaríamos a jóvenes tristes.
Después de todo siempre acabo abandonando aquel lugar y también aquel joven. Voy en busca de otros, a saber. Leí hace tiempo que nuestro sentimiento hacia la vida es parecido a lo que experimentamos al oír música en la radio. Mientras escuchamos una canción esperamos ansiosos cual será la siguiente. Se trata de eso, sin duda, de buscar siempre nuevas canciones de jóvenes tristes.

1 comentario:
t'he enllaçat al meu bloc :) espero que no hi tinguis cap pega.
Et deixo un regalet que ve a cuento d'aquest post:
Un hombre alegre
es uno más en el coro
de los hombres alegres.
Un hombre triste
no se parece a ningún otro
hombre triste.
M. Benedetti
A.
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