8 de mayo de 2007

Diálogos a bocajarro I

Tal vez , sean demasiadas. No, hoy no. Hoy no es nunca. Porque un no, hoy, es un no presente. Y solo se puede negar el presente. Comprendo. De todos modos, no. La belleza está en todas partes para aquel que sabe encontrarla, dice. Soy visionista. Yo soy ciego. Déjalo, quémalas, quémalo todo. No, voy a quemar mi garganta. Voy a beber. Hasta olvidar cada una de las palabras que me persiguen. ¿Hoy?. Sí, hoy, y mañana, voy a beber hasta que hoy deje de ser presente. ¿Siempre?. No, hasta que agote mis palabras. No lo haras, lo sabes. Lo sé. ¿Vamos al cine?. No, no. Quiero perderme en realidad, no en ficción. Ven a mi apartamento. Sí, vendré. Trae vino blanco y vino tinto, traeme flores también, para decorar mi semblante de muerto. Ya estás parafraseando. Sabes bién que es lo único que se hacer. No soy más que palabras. Viento. Veinte. Ven. Ven como el viento en veinte minutos. Claro, cómo prefieras. Pero no olvides el vino. Ni las flores. No te olvides a ti mismo. Sí, me olvidaré a mi mismo, te traeré un alma vacía para que la llenes con tu sufrimiento. No, entonces seremos los dos contenedores de palabras rechazadas. Claro, es lo que pretendo, solo se puede amar en calidad de iguales, de semejante a semejante. Ayer fui al teatro. ¿Sí? . Monólogos interiores de Santiago Russiñol; decía, somos un alma de éter atrapada en un cuerpo de plomo. Espérame desnuda de palabras, vístete de nada, vengo a mirarte jugar con el tiempo.

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