
Evocando América
El Museum of Fine Arts de Boston presenta una retrospectiva del pintor Edward Hopper
El Museum of Fine Arts de Boston presenta una retrospectiva del pintor Edward Hopper
"Edward Hopper". Boston, hasta el 19/08/07
MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON
El trabajo de Edward Hopper (Nyack, 1882 - Nueva York, 1967) ha sido asociado siempre a la representación de la esencia de la vida cotidiana en Norteamérica. Sus escenas, que desde época temparana determinaron los temas que serían recurrentes en su pintura a lo largo de más de seis décadas, trasladan al espectador a pequeñas historias de personajes anónimos y paisajes solitarios, esos que tantas veces han servido de inspiración para escritores y cineastas, e incluso para otros artistas americanos contemporáneos como Andrew Wyeth o Eric Fischl.
Esta muestra que ahora se presenta en Boston exhibirá obras representativas de toda su carrera, si bien presta una atención especial a los años comprendidos entre 1925 y 1950, el periodo considerado más importante dentro de su producción. Por primera vez en venticinco años se podrán ver en una misma exposición óleos, acuarelas y grabados de Hopper, entre los que figuran algunas obras que son ya auténticos iconos de la pintura del siglo XX, como Nighthawks (1942), Early Sunday Morning (1930) o Automat (1927). Organizada temática y cronologicamente, la muestra se inicia con las obras tempranas del pintor, en las que se perfilan ya cuales serán los temas por los que éste se sentirá siempre atraido. Durante la primera etapa se percibe la influencia de la pintura europea, especialmente de los barrocos holandeses como
Rembrandt y Frans Hals, en el empleo de colores oscuros como marrones, grises y negro, así como de la francesa y del impresionismo de Manet, interesándose por temas relacionados con la actividad del artista. Pero fueron unas pequeñas acuarelas pintadas en Gloucester, Massachusetts, en 1920, las que hicieron que Hopper empezara a labrarse un nombre dentro del panorama del arte americano de las primeras décadas del siglo pasado. Cuando lo normal era que allí los pintores recrearan escenas de marinas, Hopper se decantó por la representación de las casas de la zona. The Mansard Roff, realizada allí en 1923, fue la primera obra de Hopper adquirida por un museo, el Brooklyn Museum de Nueva York, hecho que marcaría la llegada de Hopper y de su pintura a aquella ciudad. La arquitectura no dejaría ya nunca de estar presente en su trabajo, como tampoco la idea del paisaje, principalmente el urbano, el de las calles y los escaparates. Hopper enfrenta el ámbito de la naturaleza y la civilización, y la suya es una pintura de contrastes, en la que nos presenta motivos casi desdibujados frente a otros claramente bien definidos, algo que es fácil de observar, por ejemplo, en los letreros publicitarios, que tienen una importancia singular en su obra; y es que a través de ellos Hopper lanza mensajes sobre su visión de la sociedad americana y sus hábitos. Suele decirse que para los europeos Hopper representa lo que ellos ven cuando viajan por Estados Unidos, mientras que los norteamericanos ven en él algo ligado a su día a día y a sus recuerdos de la infancia.
Otro asunto que podemos encontrar desde los primeros años en la obra de Hopper es la importancia del desnudo, desde la temparana influencia del impresionismo hasta las composiciones con fuerte carga psicológica de años más tarde. Y es que la mujer es el otro gran tema del pintor, su soledad, e incluso sus pensamientos, que a veces casi pueden
ser escuchados. En la mente de todos están esas escenas de interior en las que aparecen mujeres en su intimidad que no saben que son observadas, muchas veces incluso a través de una ventana recuperando el papel del voyeur. Estas son posiblemente las obras que la mayor parte del público conoce de Hopper, cuadros que han dado la vuelta al mundo y que ahora, junto con el resto de trabajos que se han seleccionado para esta exposición, incluidos los menos conocidos, completan la visión de este gran artista, que se cierra con algunas otras obras maestras realizadas entre 1950 y 1960, pintadas en Nueva York, Truro y California, como Western Motel (1957), Second Story Sunlight (1960) o Sun in an Empty Room (1963).
MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON
El trabajo de Edward Hopper (Nyack, 1882 - Nueva York, 1967) ha sido asociado siempre a la representación de la esencia de la vida cotidiana en Norteamérica. Sus escenas, que desde época temparana determinaron los temas que serían recurrentes en su pintura a lo largo de más de seis décadas, trasladan al espectador a pequeñas historias de personajes anónimos y paisajes solitarios, esos que tantas veces han servido de inspiración para escritores y cineastas, e incluso para otros artistas americanos contemporáneos como Andrew Wyeth o Eric Fischl.
Esta muestra que ahora se presenta en Boston exhibirá obras representativas de toda su carrera, si bien presta una atención especial a los años comprendidos entre 1925 y 1950, el periodo considerado más importante dentro de su producción. Por primera vez en venticinco años se podrán ver en una misma exposición óleos, acuarelas y grabados de Hopper, entre los que figuran algunas obras que son ya auténticos iconos de la pintura del siglo XX, como Nighthawks (1942), Early Sunday Morning (1930) o Automat (1927). Organizada temática y cronologicamente, la muestra se inicia con las obras tempranas del pintor, en las que se perfilan ya cuales serán los temas por los que éste se sentirá siempre atraido. Durante la primera etapa se percibe la influencia de la pintura europea, especialmente de los barrocos holandeses como
Rembrandt y Frans Hals, en el empleo de colores oscuros como marrones, grises y negro, así como de la francesa y del impresionismo de Manet, interesándose por temas relacionados con la actividad del artista. Pero fueron unas pequeñas acuarelas pintadas en Gloucester, Massachusetts, en 1920, las que hicieron que Hopper empezara a labrarse un nombre dentro del panorama del arte americano de las primeras décadas del siglo pasado. Cuando lo normal era que allí los pintores recrearan escenas de marinas, Hopper se decantó por la representación de las casas de la zona. The Mansard Roff, realizada allí en 1923, fue la primera obra de Hopper adquirida por un museo, el Brooklyn Museum de Nueva York, hecho que marcaría la llegada de Hopper y de su pintura a aquella ciudad. La arquitectura no dejaría ya nunca de estar presente en su trabajo, como tampoco la idea del paisaje, principalmente el urbano, el de las calles y los escaparates. Hopper enfrenta el ámbito de la naturaleza y la civilización, y la suya es una pintura de contrastes, en la que nos presenta motivos casi desdibujados frente a otros claramente bien definidos, algo que es fácil de observar, por ejemplo, en los letreros publicitarios, que tienen una importancia singular en su obra; y es que a través de ellos Hopper lanza mensajes sobre su visión de la sociedad americana y sus hábitos. Suele decirse que para los europeos Hopper representa lo que ellos ven cuando viajan por Estados Unidos, mientras que los norteamericanos ven en él algo ligado a su día a día y a sus recuerdos de la infancia.Otro asunto que podemos encontrar desde los primeros años en la obra de Hopper es la importancia del desnudo, desde la temparana influencia del impresionismo hasta las composiciones con fuerte carga psicológica de años más tarde. Y es que la mujer es el otro gran tema del pintor, su soledad, e incluso sus pensamientos, que a veces casi pueden
ser escuchados. En la mente de todos están esas escenas de interior en las que aparecen mujeres en su intimidad que no saben que son observadas, muchas veces incluso a través de una ventana recuperando el papel del voyeur. Estas son posiblemente las obras que la mayor parte del público conoce de Hopper, cuadros que han dado la vuelta al mundo y que ahora, junto con el resto de trabajos que se han seleccionado para esta exposición, incluidos los menos conocidos, completan la visión de este gran artista, que se cierra con algunas otras obras maestras realizadas entre 1950 y 1960, pintadas en Nueva York, Truro y California, como Western Motel (1957), Second Story Sunlight (1960) o Sun in an Empty Room (1963). 
Quien pudiera tener un billete de avión hacia Boston en sus manos...
Es terrible no poder acceder a lo que deseas.
Hooper, en su esplendor.
Menuda lástima...
Solo nos queda esperar que algun comisario con buen ojo se acerque la exposición hacia Europa... Tal vez Londres, Berlín? Tal vez Paris...
Ven a Europa, Hooper, ven!

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