
He llegado a una conclusión. ¿Sí? Por fin... Debemos hacernos una promesa. Mmm, ¿de que se trata? No, eso a ti no debe importarte, solo prométemelo, dame la mano. No, no, quiero saber que es lo que prometo. Entiendo, entonces no eres capaz de cumplirlo. Menuda eres, no seas mezquina. No lo soy, solo un poco exagerada, forma parte de mi oficio, ya sabes. ¿Podrías no estar trabajando las 24 h del día? De acuerdo, te daré una libre al día sin libreta roja ni ideas metafísicas si tu entras a formar parte del trato. No finjas, tu eres una persona normal, capaz de querer y con necesidad de ser amada. Mira por tu retrovisor, ¿que ves? Nada especial. Puedes ver lo que tú desees, ahora vuelve a mirar. Solamente veo palabras, veo que me gustaría no amarte o amarte mejor. Yo quiero que ames a tu manera, que es la única manera de amar verdaderamente. No seas Bovary, a veces eres lamentable. Lo sé. Lamentable. Escúpeme, dime que no me quieres volver a ver y me iré. No. Me iré, no quiero ser una lastra. Un lastre. Una lastra. Hazme cosquillas. Ríete a carcajadas. Mira por el retrovisor. Abrázame. Fuma. No me mires. Gírate. Duerme. Ámame. No, eso no. No te confundas. No te pierdas, no te dejes eclipsar por mi oscuridad. ¿Se puede sacar la energía de donde no la hay? Los cuentistas pseudoliteratos podemos hacerlo, podemos inventar lo que nos plazca. Claro, de eso se trata. Cállate y mira por el retrovisor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario