2 de febrero de 2008

Diálogos a bocajarro IV


Como te iba diciendo...¿Tú? Tu decirme a mi, que cosas. No seas cínica, no pega con tu sonrisa. Vete a paseo, tu que sabrás de mis sonrisas. No discutamos. Ayer, en que pozo caíste?. Lo dices por el corte de llamada. No, lo digo por el eco de tu voz. Ya sabes que mi voz siempre es un eco de lo que querría decir en realidad. Hace mucho tiempo que estás en el pozo, no es así? Eso es lo que tu crees. No, es lo poco que me dejas entrever. Siempre dando vueltas al mismo tema, hoy se me acabaron las palabras para tí. [Silencio. ella se aleja , se dirige hacia su ventana, no una ventana, sino la suya.] Mira sus paisajes interiores como quien cree ver florecer. Está muy atenta a sus cambios, se mira las manos, contrae la sonrisa y la relaja. Se presiona con fuerza los parpados y despues inclinando la cabeza abre tanto los ojos que parecen poblar todo su rostro. Es una mujer extraña. Escúchame, deja ya de hacer boberias. Sonrio. Boba, hablas como si vivieras en otra década. No me tienes ningún respeto. Te tengo demasiado respeto, por eso procuro faltartelo de vez en cuando. Y yo tengo , por tu culpa, un pájaro de papel en el pecho. ¡Escúpelo! . No sé. Aprende. No quiero. Déjame volar, perdona, quise decir déjale volar. Claro, ya. Tienes a mis espaldas una ventana , cuando tu quieras. Ahora me dirás que eres una mujer independiente, inteligente y autosuficiente. Lo soy. Lo eres. Y por eso me haces comer papel. Trágate tus palabras, mezquina. Ven, que te muerdo.

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