7 de junio de 2007

La dolce vitta



Los invitados llegaron progresivamente. La primera fuiste tú, tan chispeante como el cava, con tus rizos y tus sonrisas. Servimos unos cócteles y nos pusimos a charlar, podrían haber pasado horas. Con música, una copa y buenas vistas nos fundimos en cuestiones sobre la vida. Pablo llegó el segundo, elegante con un traje italiano a rallas. Un tarje de verano, le favorecía, estaba guapo y elegante como un italiano de provincias que va a visitar Roma. Venía a visitar a la anfitriona, su Roma. Los canapés ya estaban servidos, unos de salmón y otros de paté francés. El champán esperaba en el congelador ser abierto tras varias galanterías. Esperamos con música e incipientes bailes en aquel apartamento mio que no es tan mio sin estar vosotros en él. Josep y Mireia llegaron tarde, tardísimo, como dos estrellas que se hacen esperar. Pero la sorpresa fue tan grata que al verlos la espera se olvidó. Empezamos a cenar al ritmo de un swing flojito y imágenes de nuestra dolce vitta particular. Mireia vestía una falda de color rojizo y los ojos le brillaban. Josep se movía coqueto dentro de su camisa elegante. El último en llegar , Jaime, acorde conmigo en vestuario. Venía vestido a modo de galán italiano. Un verdadero Mastroiani, con sus gafas de pasta negra y su traje impecable en negro y blanco. Ya estábamos todos en la avenida de Roma comiendo ensaladas Cesar y bebiendo cócteles color rojo. El delirio no tardó en llegar y tras conversaciones dispares llegaron los bailes, con sus lentos y sus pulp fiction's, con nuestro tradicional 'a galopar' y nuestras inolvidables parejas de baile. La noche con vosotros no es noche que es sueño en vigilia. Los juegos, una triste excusa para acercarnos, para estar más cerca los unos de los otros, por acto de amor y de erotismo. Porque la amistad comporta una atracción y nosotros sabemos sacarle partido. Allí, entre las paredes de mi casa teníamos a un futuro director de cine, a un futuro catedrático-eminencia historiador-crítico, una eminente periodista, una gran diseñadora industrial que superará con creces el ingenio de los suecos de ikea, un futuro abogado que tendrá nombre en la política futura y una servidora. Entre todos formamos un grupo heterogéneo, dispar. Nos sentamos en ventanas y miramos la luna. Bailamos Blue Velvet y nos besamos la nuca. Y el chocolate...¿Te preguntas como llegó donde llegó? Claro..., solo sepas que lo pasamos bien, muy bien. Y que me hicisteis sentir, con mi vestido de gala, en mi propia dolce vitta.



Todos alzamos nuestras copas. Las alzamos continuamente. Tienes razón, en la vida brindamos aunque sea sin champán. Y ahora, ¿porque motivo brindamos?. ¿Por la vida?, ¿Por al amor?. No, por nuestro reloj de arena que se encuentra en el balcón tomando la fresca. Sí, dejémoslo allí por hoy y mañana será otro día. Hoy podemos parar el tiempo. Me gustaría volver a estar enfermo, tendido sobre tus sábanas. Es un recuerdo muy bello. Brindemos por los recuerdos. Brindemos por los recuerdos que vendrán. Querido, no se puedo brindar por algo que aun no ha sucedido. Claro que sí, no limites tus deseos.
Deseo brindar con todos mis amigos en un jardín soleado, deseo que estemos todos y cada uno de nosotros modificados por el paso del tiempo pero perdurables en nuestros sueños e ilusiones. Lo estás viendo, ¿verdad?. Sí, cierra los ojos y míralo conmigo. Te veo, pero yo no estoy allí. Claro que estas aquí, mírate, llevas una boina de color negro y estas debajo del árbol, en la sombra. Es cierto, que guapa estas tú. Gracias. Estas de perfil y no se te ve el rostro pero intuyo tus sonrisas. Estamos muy cerca. Brindemos por lo que está por venir. Por todo. Por tí. Por mí. Por el amor y la amistad. Brindemos.

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