
Emoción. Arte. Sensación. Cine. Imagen. Llanto.Lluvia. Dolor...de nuevo Emoción.
Uno no elige, jamás, sus emociones. Las puede conducir por caminos que cree correctos pero en ese preciso instante se resuelven, dejan de ser sensación para ser concepto. Un concepto metódico y estudiado.
El arte es sin duda esto, el sentimiento razonado. Dejarse llevar por el llanto de Karina ante la Juana de Arco de Dreyer no tiene comparación alguna.
Las manos de papel de mi abuela me han despedido hoy desde la puerta del ascensor. Se agitaban como si las propias extremidades fueran pañuelos blancos.+
-Ven a visitarnos. Me ha suplicado.
-Lo haré.
Esta imagen se puede leer de dos formas. La simple emoción del hecho, que pasa como tantos se nos suceden a los sentidos, o bien la acción del registro del sentimiento de cada uno de los integrantes de la performance emotiva matutina.Aquí está el arte.
Las manos marchitas de mi abuela, la mirada triste de mi abuelo y mi pijama infantil cubriéndome. Mis ojeras y mi sueño mezclado con una leve tristeza por aquella matutina despedida.No hay más. Aquí esta mi cuento.Probablemente, cuando he cerrado la puerta y me he balanceado levemente recostada contra la pared del pasillo mis abuelos miraban en direcciones contrarias oyendo el sonido del viejo ascensor. Descenso, Ascenso.
He esperado tras la puerta creyendo que volverían a por sus lentes o las llaves del jardín. Nada, pero por ahí corría el cuento, entre mis ojeras y mi pereza de hacer el café.Me he puesto la libreta en el bolsillo de mi bata azul celeste y el lápiz en la oreja , hecho que me ha hecho reír por la extraña imagen que proyectaba. He ido anotando los pasos que , intuía, mis abuelos daban.
Van andando, despacio, con tiempo, hacia la estación de Sants. Mi abuelo carga las maletas y mi abuela se ocupa de que no se dejen los documentos, las cartillas y todo lo demás.
Yo me balanceo entre palabras.Entran en la estación y toman un café con leche a la espera del tren. Posiblemente mi abuelo quiera comer un croissant i mi abuela, dulce ,le diga que no le conviene.
Yo miro por la ventana mientras el café se desliza por su prisión de metal.Cuando vayan en tren pensaran en mí y seguro me vuelven a llamar:
-Seguro que no te encontraras demasiado sola? me preguntaran, angustiados.
Yo me tocaré las manos, frías y recordaré las de mi abuela, marchitas y como de papel...
Suena el teléfono y ya tengo un cuento.
-Lara, seguro que no te sientes sola?

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