
"El que escribe libros, o lo es todo (el único universo para sí mismo y para todos los demás) o no es nada. Y como todo no le será nunca dado a ningún hombre, todos los que escribimos libros no somos nada. Somos menospreciados, celosos, nos sentimos heridos y deseamos la muerte del otro".
Hoy, como ejercicio literario he jugado a buscar el nombre que se esconde detrás de objetos a los que uno, normalmente, no les presta la menor atención. He descubierto que el recipiente dónde se introduce el café en las cafeterías se llama "casquete" y que el aparato que lo sostiene también tiene nombre: "manguito". Paseando y recorriendo calles sin cesar he entrado a una ebanistería para formularme conflictos léxicos y he salido mareada de tanta información que me ha dado el pequeño hombrecito que se dedicaba al hermoso quehacer de pulir el ébano. Me ha contado muchas cosas excepto la que yo quería, en fin, que se le hará.
El otro día me formularon una importante disquisición: tú tomas las palabras cómo un fin en si mismo o cómo un medio para llegar a otro fin? Después de mucho reflexionar me dí cuenta que no me tenía que decidir por una respuesta u otra sino analizar mi modo de escribir. Está claro que las utilizo como un fin en sí mismo, me explico, en ocasiones invento historias para utilizar palabras hermosas que me rondan por la cabeza, es decir: lo que cuenta para mi es contar lo que cuento de una determinada manera, ya sea hermosa grotesca o dispar. Todo esto que hoy escribo aquí no me lleva a ninguna parte, no pretende ser ningún ejercicio literario ni una reflexión, simplemente juego a desordenar conceptos creando así nuevas ideas.
Os invito a salir a la calle con lápiz y papel , entrar en viejas tiendas de oficios olvidados por las multinacionales y buscar en su interior palabras curiosas y hermosas. Os sorprenderéis de cuan gratificaste es el juego del escritor.
El otro día me formularon una importante disquisición: tú tomas las palabras cómo un fin en si mismo o cómo un medio para llegar a otro fin? Después de mucho reflexionar me dí cuenta que no me tenía que decidir por una respuesta u otra sino analizar mi modo de escribir. Está claro que las utilizo como un fin en sí mismo, me explico, en ocasiones invento historias para utilizar palabras hermosas que me rondan por la cabeza, es decir: lo que cuenta para mi es contar lo que cuento de una determinada manera, ya sea hermosa grotesca o dispar. Todo esto que hoy escribo aquí no me lleva a ninguna parte, no pretende ser ningún ejercicio literario ni una reflexión, simplemente juego a desordenar conceptos creando así nuevas ideas.
Os invito a salir a la calle con lápiz y papel , entrar en viejas tiendas de oficios olvidados por las multinacionales y buscar en su interior palabras curiosas y hermosas. Os sorprenderéis de cuan gratificaste es el juego del escritor.

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