4 de febrero de 2007

Alquimias silábicas

Sucede que lo más natural e intrínseco en la raza humana nos hace sentir alienados de nuestras costumbres catastrofistas. La gente que lo aprHende todo de los libros, que no suele saltar sin red tiene una dependencia a la realidad, a las cosas concretas, a los hechos consumados que los alejan claramente del sentido estrictamente vital. Defecto o no resulta un hecho muy curioso desmantelar ciertas afecciones a la melancolía, al recuerdo;
Me cuesta , en ocasiones, relacionarme con mi realidad i saber por fin que me encuentro desarreladamente arrelada. Como en los textos, en la vida solemos jugar con las palabras, alquimistas silábicos que se detienen ante cada paso de cada verso que avanza en su poema. Estos fragmentos literarios que respiro en ocasiones y tengo la certeza de ser capaz de darles su forma y contenido correctos me llenan y me vacían, como un jarrón de flores, nutriéndome y desgastándome a cada paso que me alejo de ellos.
Ahora, que una se siente ya tan cerca de una nueva pequeña autopoética enrojece de lujuria artística mientras pedalea con constancia durante el último fragmento del que parece será una etapa superada.

¿Y Principito? Él la acompaña siempre en sus nuevos retos, la ayuda a comprenderse a si misma, analizarse y aceptar su naturaleza. La historia del zorro jamás la había comprendido cómo ahora , un ahora muy lejos del día en que vivió 43 amaneceres sucesivos, un ahora en que los amaneceres se suceden sin apenas esperarlos.

El principito (fragmento)

" Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos, y es el tiempo perdido con tu rosa lo que la hace importante (...)Ah, principito, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste: -Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol -Tendremos que esperar -¿Esperar qué? -Que el sol se ponga. Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste: -Siempre me creo que estoy en mi tierra. En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas. -¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces! Y un poco más tarde añadiste: -¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol. -El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad? Y principito no respondió. (...)Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a 100.000 muchachitos. Y no te necesito, y tu tampoco me necesitas, no soy para ti más que un zorro semejante a 100.000 zorros, pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro, serás para mí único en el mundo, seré para ti único en el mundo. Si me domesticas, mi vida se llenará de sol, conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos los otros...tus ruidos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. "

Lara.Autopoética.Rojadeletras

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